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CAMINOS A LO ABSOLUTO John Golding |
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Turner y Fondo de Cultura Económica, 2005. Publicada en Pie de página. Junio de 2006 |
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El historiador del arte, crítico y pintor John Golding presenta en este extendido ensayo la historia del comienzo y la consolidación del arte abstracto europeo y norteamericano a partir de seis ensayos monográficos que cuentan la vida, obra y reflexiones de algunos de sus mayores exponentes. Lo absoluto es, para Golding, la meta del camino que cada uno de los artistas escogidos recorre independientemente en su búsqueda pictórica y en su intento por formular nuevos medios de expresión no figurativos. Aunque, a partir de este hilo conductor, el libro intenta presentar una visión global sobre lo que para Golding enmarca, determina, y significa la tendencia abstracta en la pintura del siglo veinte, el hecho de que cada capítulo relate por aparte el recorrido personal de cada uno de los artistas, y de que el enfoque sea más biográfico que analítico, hace difícil extraer la tesis general que el autor, en la introducción, dice haber desarrollado a lo largo del libro. Al final, es inevitable quedar con la sensación de que Golding promete más de lo que ofrece. El ensayo está dividido en dos grandes partes. La primera, que engloba los tres primeros capítulos, y más de la mitad del libro, se dedica a contar, casi biográficamente, el camino seguido por los tres grandes fundadores del arte abstracto europeo a comienzos del s. XX: Mondrian, Malévich y Kandinsky. Cada uno de ellos, sostiene Golding, llega a la abstracción de una manera particular y propia y gracias a distintas influencias. Así, plantea el autor, mientras Mondrian termina en la abstracción a partir de una reflexión profunda sobre la naturaleza y el papel del arte en relación con ella, para Malévich es la figura humana y para Kandinsky la relación entre color y sonido, los elementos fundamentales dentro del abandono de la pintura figurativa. Para los tres, en cualquier caso, el arte abstracto se presenta como el anuncio de una nueva época espiritual, como la vía de acceso a las verdades profundas a las que el hombre contemporáneo ha dejado de acceder gracias a la ausencia progresiva de la religión. El arte como religión, como portador de verdad, como camino hacia lo absoluto, más allá de los objetos: tal parece ser, para Golding, el hilo conductor –difícil de extraer, repito– de la búsqueda de estos artistas europeos. La segunda parte, menos biográfica y más analítica que la primera, recorre la historia del renacimiento del arte abstracto a mediados de siglo en Norteamérica. Los protagonistas aquí son Pollock, Newmann, Rothko y Still. A diferencia de sus antecesores, estos artistas se muestran mucho más conscientes de lo que quieren conseguir con la abstracción. Para ellos el camino está ya más claro, o al menos mejor abonado, que para sus predecesores europeos. Sin embargo, el arte abstracto cobra un matiz diferente a la luz de los artistas del nuevo continente: sigue siendo el exponente de una verdad, pero ésta será mucho menos optimista que la verdad profética de los artistas europeos. El arte abstracto se presenta, entre los pintores norteamericanos, como la búsqueda ya no de un absoluto trascendente, más allá del mundo de las figuras, sino de una experiencia mística personal, de un encuentro del artista consigo mismo que no siempre termina en una experiencia afirmativa. Para Golding, por consiguiente, y esto es lo que se alcanza a deducir tras la lectura de cada uno de los capítulos, el paso del arte abstracto europeo al norteamericano representa, a grandes rasgos, el paso de lo absoluto entendido como meta, de un camino optimista que proclama la llegada de un nuevo arte, a lo absoluto entendido como imposibilidad, como búsqueda trágica y constatación permanente del abismo silencioso entre arte y divinidad. Todo esto respaldado, a la vez, por las filiaciones teóricas de cada una de las corrientes. Golding menciona la relación que guardaron las primeras formulaciones teóricas del arte abstracto con las propuestas estéticas de Hegel, quien a pesar de hablar del arte como manifestación cultural perteneciente al pasado, reivindicó a la vez la pintura como el medio de expresión artística más apropiada para el presente y habló del arte en general como presentación sensible del absoluto. Por el otro lado, los artistas norteamericanos se vieron más influidos por una actitud existencialista frente a la vida y cada uno en particular manifestó en sus escritos teóricos predilecciones por Nietzsche y su filosofía de la tragedia. El arte es, en efecto, la puesta en escena de una verdad, pero a diferencia de “la verdad como absoluto” hegeliana, tal y como fue interpretada por el arte europeo, ésta es dolorosa y se manifiesta y se redime en la experiencia artística, y sólo a través de ella. Caminos a lo absoluto es un libro informativo, y puede servir de introducción para quien esté interesado en la historia del arte del siglo veinte y el camino recorrido por los primeros artistas abstractos. La exposición de Golding es clara y el estilo utilizado –no del todo académico– permite un ritmo de lectura agradable. No lo recomendaría, sin embargo, a quien considere saber ya algo sobre el tema. |
| © 2005 MARÍA DEL ROSARIO ACOSTA LÓPEZ: mracosta@cable.net.co |